Doña Inés, entre broncas y baile
Doña Inés nunca se imaginó que se convertiría en el epicentro de un respiro colectivo que retrató el Estado de Decepción que vivimos los bolivianos estos 50 aciagos días. “Que Lara más que voile”, dijo en una entrevista casual que se viralizó en las redes sociales de manera sorprendente y espectacular. Se expresó espontáneamente y generó simpatía en los bolivianos. Señaló sin rodeos a dos políticos que brillaron por su cuestionable actitud en los últimos meses. Al Presidente por su radical e irresponsable pasividad y al Vice por la decepción creciente desde su llegada al cargo de copiloto del país.
La bella sonoridad de sus palabras fue enriquecida por el sentimiento de bronca contra el sistema político. Algún DJ sintonizó con maestría la musicalidad de la entrevista y la convirtió en un hit que atravesó las burbujas micro personales de las redes. Es un ritmo que parece tener algo de reguetón y cumbia electrónica muy pegajosa. La instrumentación se complementa genialmente con el tono de la voz y especialmente con el contenido. “El Rodrigo dice Bolivia, Bolivia, Bolivia; cincuenta, cincuenta, cincuenta. Dónde está Bolivia?, dónde está cincuenta?”. Es un cuestionamiento al carácter Pop de la campaña de Paz Pereira. Una cáscara maquillada con chicles, cafecito boliviano y palabras repetidas. “Voy a matar, voy a asesinar debía decir pues, voy a hacer sufrir a estos indios campesinos”.
“Por Lara mis hijos, mis wawas me decían. No conocíamos al Rodrigo, por Lara nosotros hemos votado” gran declaración que confirma lo que muchos sospechaban. El populismo re-pop y hueco de la retórica larista tuvo su rol en el insólito triunfo de la débil alianza. Dona Inés confirma que las campañas mediáticas millonarias de los viejos candidatos solo sirvieron para saturar ruidosamente y no convencer al votante. El mundo micro social familiar fue más determinante, junto con las redes digitales.
Cientos de videos fueron producidos, difundidos y rebotados por los bolivianos. Jóvenes demostraron diversidad de pasos, coreografías, vestuarios, disfraces y hasta mascotas se pusieron a bailar la canción de Doña Inés. El meme asumió el lenguaje multimedia presentando variantes creativas y divertidas en cada versión. Los usuarios se ocuparon de añadir el carácter transmediático, al darle vida a la canción. La bronca mezclada con la risa expresó el malestar contra los políticos de este estúpido intento de asfixia al país.
Risa más protesta y decepción hicieron bailar en discotecas y colegios. La inteligencia colectiva fue activada en viralizaciones infinitas que conectaron conciencias víctimas de la insensatez de groseros monstruos de la impostura pseudo izquierdista que le hace el juego al narcotráfico. Había que bailar para exorcizar.
Risa más protesta y decepción hicieron bailar en discotecas y colegios. La inteligencia colectiva fue activada en viralizaciones infinitas que conectaron conciencias víctimas de la insensatez de groseros monstruos de la impostura pseudo izquierdista que le hace el juego al narcotráfico. Había que bailar para exorcizar.
Sin embargo, Doña Inés se siente molesta. Ha escuchado la canción y visto los videos en todas sus formas y declara que la ha incomodado verse en versiones resemantizadas de su propia declaración. “Un poco me incomoda”, dice con humildad. Es evidente que hay cierto toque de burla al lenguaje popular de alguien que no domina el castellano. Discriminaciones que todos sabemos.
Pero el cinismo retrogrado de Lara lo llevó a intentar sacar tajada utilizando la inocencia y humildad de Doña Inés. Un sujeto que babea copiosamente con la idea de asumir el trono vestido de Napoleón. Un desubicado que visita y lleva comida a los bloqueadores e ignora el padecimiento de los bloqueados, está fuera de órbita. Sorprende a la señora en su propia casa y le dice que él se ha comprometido “pero el presidente no me deja”. Le regala víveres en una actitud de limosna mediocre y acaba bailando la famosa canción junto a la propia protagonista. El significado de este hecho no está en el nuevo video que también se viraliza, sino en los hilos de comentarios que se generan en cada post rebotado por los usuarios de redes. La gente ubica la falta de pudor del susodicho. Siente vergüenza ajena.
Los bolivianos solemos llorar y bailar como una forma de expresión de la identidad. El hit de Doña Inés ha cobrado vida en uno de los momentos más frustrantes de las últimas décadas. Ha expresado la indignación frente a la impostura del lado oscuro de algunos bolivianos. El instinto suicida que aflora irracional en formas autoritarias que pretenden imponer sus convicciones asfixiando la libertad la democracia. Es un país complejo, como la vida de este simpático meme que nos ha alegrado la decepción generalizada. Felizmente. Como afirma sonriente Doña Inés, “Bien también, de una parte, alegra no?

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